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miércoles, 8 de junio de 2011

Acabemos esta polarización

Más de uno creía que pasada las elecciones se terminaba esa tenaz polarización que ha marcado una reñida segunda vuelta electoral. Ilusos hemos sido. Lo cierto es que a muchos les cuesta aún reconocer que ya tenemos un presidente electo y más bien ridiculizan a más del 51% de peruanos que votó a favor del nacionalista Ollanta Humala.

Creo también que si ganaba Keiko Fujimori hay quienes se estarían ocupando de buscar alguna argucia para argumentar un supuesto fraude. A diferencia de otras elecciones, esta vez el descontento es mayor según el bando en donde querías ubicarte. Tanto así que en todo ámbito de comunicación los argumentos faltan, lo que se impone son los insultos. Con cada agravio demostramos cuán intolerante somos y los medios extranjeros nos refriegan en la cara el racismo que muchos no superan.

Cuando todos debemos esperar con cierto optimismo -y con los pies sobre la tierra- las decisiones del nuevo gobierno, más bien orquestamos una banda de saboteadores, especuladores, pesimistas y derrotados para exigir señales como la designación de los ministros. Creo que es necesario que lo sepamos en un tiempo razonable, prudente y no caigamos en los intereses de unos pocos.

El éxito del nuevo gobierno dependerá de las decisiones del Ejecutivo, pero también del apoyo de la población y no solamente de quienes votaron por Ollanta porque la campaña ya terminó, sino de todos y todas. Eso no quiere decir que no seamos críticos con cada decisión. Y eso no es una tarea exclusiva de la prensa, los periodistas, sino de la sociedad civil. Si muchos colectivos contribuyeron a que Keiko no sea elegida presidente, el voto prestado se devuelve con una tarea fiscalización, por su puesto con crítica constructiva.

Dejemos también que el actual presidente culmine su mandato hasta el 27 de julio. Hasta esa fecha le pagamos su sueldo. Seguramente quedarán muchas bombas de tiempo, como los conflictos sociales (Puno es solo un ejemplo), por lo que la tarea del presidente electo será ardua y complicada. Veremos cómo hará real cada promesa, como la Pensión 65, Beca 18 y otros programas que ameritan un buen desembolso de recursos.

domingo, 31 de agosto de 2008

¿Y qué fue del Acuerdo Nacional?

Hace seis años, se firmó un documento llamado Acuerdo Nacional con la rúbrica de ocho partidos políticos y otros movimientos sociales, algunos ya extintos como el Frente Independiente Moralizador (FMI). Aquel 22 de julio, el Gobierno puso como meta de Estado 30 políticas, tras un proceso largo y conflictivo de concertación.

Siempre se habla que un país no desarrolla por sus políticas de Gobierno. Esto no pasa con naciones desarrolladas y otras en vías desarrollo. Cada presidente de la república tiene la manera antojadiza de bautizar un programa como le convenga. Fujimori era un especialista. Alejandro Toledo le siguió los pasos con A Trabajar Urbano, Mi Techo, Huascarán, etc.

Por eso, ha sido válida la voluntad de los movimientos políticos y sociales en trazar la ruta del Perú con el Acuerdo Nacional. Pero, la pregunta clave es: ¿En qué hemos cambiado después de seis años? Si bien, las cifras macroeconómicas demuestran de un crecimiento y hasta el vecino del Sur lo califica como un “boom”, la gran mayoría no percibe el afamado “chorreo” que pregonaba Toledo.

Después de una concertación, los líderes fijaron cuatro grandes objetivos, tales son: democracia y estado de derecho, equidad y justicia social, competitividad del país y estado eficiente, transparente y descentralizado. Estas metas son muy gaseosas, pero tienen indicadores cuantificables.

El año pasado, el Producto Bruto Interno (PBI) del país llegó a 107 mil millones de dólares. Según el Acuerdo Nacional, desde el 2003 el presupuesto de educación debería aumentar en 0.25% anual del PBI y se proyectaba que en el 2012 llegue al 6%. Si seguimos esa línea, ya vamos 1.25%. Sin embargo, esto se estrella contra la realidad.

El Consejo Nacional de Educación lamentó que para este año se fije un presupuesto de algo más de 11 millones de soles. Una cifra irrisoria ante tantas necesidades. Quizás, el Gobierno aprista quiso congraciarse con los directores de colegios y les entregó unos soles para mantenimiento de escuelas. Siempre paliativos que no afrontan un real problema. El presupuesto apenas representa el 0,0034%. El 2009, como dicen las pitonisas, no nos depara un futuro provisor.

Mientras que en el Perú se invierten unos US$354 al año por alumno, en Chile se asignan US$1,350 y en la Unión Europea más de US$4,000. Aún así, en el vecino del sur los estudiantes se levantan contra el Gobierno para exigir más recursos.

En Salud estamos más enfermos que en educación. No somos capaces de imitar a Argentina y Chile que destinan el 7% de su PBI. Allí está el ministro, don Hernán Garrido-Lecca, que busca más enfrentar a la comunidad con los médicos, en vez de solucionar los verdaderos males. En sólo dichos ha quedado la promesa electoral de un sistema único de salud. Ni siquiera se cumple con los desembolsos del Seguro Integral de Salud (SIS).

Hubo voluntad de fijar políticas de Estado, pero estas no se han cumplido. De voluntades no vivimos. Faltan unos tres años para que se inicie nuevamente una justa electoral y quien gane aplique sus propias recetas. Por allí se perfila Ollanta Humala, Luis Castañeda y de repente –como es costumbre- aparezca un off sider. Si las autoridades y sociedad civil no toman conciencia del rumbo del país, no sabemos que va a pasar cuando celebremos 200 años de independencia nacional.

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